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Este sábado fue un día que brilló distinto. Mi pueblo reciente , el lugar donde vivo desde hace 3 años nos acogía para que inauguráramos su encendido de Navidad. El coro gospel Spirit to All, en el que canto desde hace más de quince años se vino a Manzanares el Real, un sitio con duende, un sitio del que te enamoras a primera vista cuando pasas por él… y del que te enamoras profundamente cuando decides vivir aquí. Un lugar lleno de encanto, abrazado por la naturaleza, con calles que huelen a leña, gente auténtica, valores que se sienten de verdad, y un hervidero de artistas por descubrir. Un lugar que tiene nombre propio: Manzanares el Real y un lugar que tiene apodo cariñoso: Manza.


Calentamos en el teatro del pueblo, a dos pasos del escenario, que estaba al pie del ayuntamiento junto al árbol de Navidad y el Belén. Y, como ocurre siempre en Manza cuando se organiza algo, la plaza no tardó en llenarse. Varias filas de niños, padres y vecinos rodeaban el escenario, una tarima sencilla y cercana, con un fondo negro, un “Feliz Navidad” y unas vallas adornadas con lazos blancos que recordaban las reivindicaciones contra la violencia de género celebradas esa misma mañana.


Nos subimos a la tarima justo antes del encendido. Desde la primera fila tuve que contener la emoción al ver a tantos niños delante esperando a que empezaramos, acompañados por sus padres detrás.
La cuenta atrás la dieron ellos.

La plaza, que estaba a oscuras, se iluminó de golpe… y nosotros empezamos a cantar.

Caras conocidas, amigos, mi familia cantando y bailando en primera fila, y el coro entregándose una vez más con todo el corazón. El repertorio incluía algún tema navideño, y cada nota parecía resonar más fuerte simplemente porque estábamos en casa.

No sé si fue mi mejor concierto a nivel musical, pero sin duda fue uno de los más emotivos y cercanos que he vivido. Cantábamos mirando a gente que queremos, en un lugar que ya forma parte de nuestra historia, en un pueblo que nos abrió sus puertas para celebrar juntos el inicio de la Navidad.

Cuando ves a un niño imitar tus palmas, cuando escuchas a un vecino que no te conoce decir “qué bonito”, cuando alguien te da las gracias sin que tú hayas hecho más que cantar… entiendes que la música une, cura y enciende algo incluso más importante que las luces navideñas.


Hubo miradas que decían más que mil aplausos, abrazos al terminar que te colocan el alma en su sitio, y esa sensación de que lo que haces —lo que hacemos juntos— tiene sentido cuando logra emocionar a otros.

Todos los conciertos de STA tienen algo especial, pero este se gana, sin duda, la medalla de la autenticidad y de la cercanía.
Porque no fue solo un concierto. Fue una celebración compartida. Un regalo entre mi coro y mi pueblo.
Un trocito de magia de Manza… que ojalá podamos repetir cada año. Gracias a la concejala y a todo el mundo que lo hizo posible.

Ver post en Instagram del ayuntamiento de Manzanares el Real

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